YAMATO: Génesis de un Clásico (Pte.1)

En 1974, una ambiciosa serie de ciencia ficción irrumpía silenciosamente en la programación de los sábados por la tarde, y poco tiempo después, la historia del animé cambiaría para siempre…

En el año 2199, la Tierra se halla bajo el ataque de la raza extraterrestre de los Gamilas. La superficie de nuestro planeta es un páramo desértico, contaminado por la radiación que provoca el bombardeo enemigo. Los pocos sobrevivientes se refugian en ciudades subterráneas. En medio de este panorama desolador, el novato Suzumu Kodai descubre en Marte una cápsula proveniente de Iscandar. Su bella tripulante, antes de morir, le entrega un mensaje que puede ser la salvación de la Tierra.

Mientras la radiación amenaza con extinguir a la humanidad en menos de un año, Kodai y su amigo Shima, junto a la delicada Yuki (cadetes de las Fuerzas de Defensa), el robot pervert Analyzer y el borrachísimo Dr. Sado, se embarcan en el Yamato, un acorazado de la 2da Guerra Mundial convertido en nave espacial. Liderados por el veterano y hosco Capitán Okita, sobreviviente de incontables batallas, una tripulacion de jóvenes parte en una larga travesía a Iscandar, atravesando líneas enemigas y enfrentando incontables peligros, que los obligarán a sacrificios extremos, sobrepasando los límites de lo humanamente posible.

IMPACTO
Tal era el planteo de Uchu SenkanYamato (Acorazado Espacial Yamato), una space-opera sin precedentes en la TV, con protagonistas adultos, constantes batallas y trágicas muertes. Fue una apuesta arriesgada, que presentaba un tratamiento comprometido de la ciencia ficción, y a la vez muy imaginativo, tanto en argumento como en animación. La historia continuaba de un episodio a otro -algo poco usual-, y relataba una epopeya de sacrificios que parecía no tener fin. El espacio, las naves y la vida de la tripulacion fueron representados con gran realismo. El opening no mostraba a los protagonistas, sino que estaba dedicado al Yamato, en tomas animadas con increíble detalle. Veíamos a la nave despegar, sobrevolar la Tierra y perderse en la lejanía. La silueta del Yamato, recortada sobre las estrellas, era la escena final de cada episodio, y se convirtió en una imagen emblemática de la serie.

Pero el protagonismo del acorazado (que encerraba un significado especial en Japón) cedía paso al retrato de su protagonista, Suzumu Kodai, su amigo y rival, Shima, y la chica con la que ambos soñaban, Yuki. La monolítica autoridad del Capitán Okita orbitaba impeturbable sobre sus cabezas. Cada nuevo episodio presentaba otros tantos personajes arquetípicos, además de constantes peligros y amenazas. A su fin, una cuenta regresiva de los días que le quedaban a la Tierra, urgía al Yamato a apresurar su retorno. La situación de vida o muerte que atravesaba la tripulación no hacía mas que hermanarlos unos con otros, y a los espectadores, con la serie.

Vista con ojos actuales puede parecer algo inocente, pero la pasión y el esmero puestas en sus elementos sci-fi, el tratamiento realista de la guerra, y el inusitado enfoque dramático de Yamato, pavimentaron el camino a producciones como Macross o Gundam que se creían imposibles.

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