Dallos: Mamoru Oshii y la minería contaminante

Resulta que Dallos fue nada menos que el primer (o los tres primeros) ovas de la historia. Para ser aun más precisos, se trata de cuatro entregas que salieron empaquetadas como tres casettes allá por 1983 por lo que el último volumen es considerado doble.
A lo largo de esta aventura se nos cuenta la historia de la gente bien que vive en la Tierra y que puede hacerlo con todo tipo de lujos y excesos gracias a que todo su capital proviene de la explotación de los recursos naturales de  nuestro satelite tambien natural. Pero en la Luna las papas están que arden porque los seleintas están hasta la escafandra de ser explotados y de a poco se comienzan a formar nucleos de resistencia. Uno de ellos esta comandado por un mega chabón todo corpulento -de pequeña cabecita pero de grandes ideas- que se hace llamar Dog Mc Coy.
En honor a la verdad toda la superficie del satélite está poblada por mega chabones y regordetas mujeres victimas de una época en las que Rambo II dictaba las tendencias de la moda hasta en la Luna.
De más está decir que todos los personajes paracen sacados de la carrera solista de Freddie Mercury, todos a excepción de dos: Shun Nonomura, protagonista de rebeldes cabellos y su tio, un viejo con anteojos de soldador de caños que lleva por nombre, precisamente, Tio.
Los demás van todos trabados a laburar, de impecable bigote y adornados con unas vinchitas de metal identificatorias de esas que se compran en el quiosko. Si bien a primera vista puede suponerse que  la visita semanal a la peluquería para retocarse la permanente es la actividad más popular entre la población activa, debemos destacar la obsesiva costumbre de este gentío por  sudarla en las minas de roca para extraer de sus entrañas el  material clave para la subsistencia de nuestro amado planeta azul.

Pero nunca falta represor de turno que evitará a toda costa que se altere el orden natural de las castas sociales. En este caso imaginen a una especie de Char Aznable sin la careta (y con mucho más lomo) y enseguida lo sacan.
El tipo viene a poner en orden a los ochenteros lunares a como de lugar. Para lograrlo deberá reprimir las actividades terroristas del grupo de Dog, lo cual casi logra tras un sangriento enfrentamiento con los revolucionarios a no ser porque durante el mismo, su hermana Miranda, cae prisionera de los rebeldes de polainas.
Sin comerla ni beberla Shun queda en medio de todo este problema aparentemente porque su desaparecido hermano había hecho de las suyas junto con Dog, y aunque en casa no se toca el tema –lo más importante es que Shun se case con su vecinita Rachel- Tio la tiene clara y mete pua en cuanta ocasión se presente. Shun terminará como guardia de la figurita más importante en manos de los insulgentes, la mencionada Miranda, que le tira un poco de onda a ver si se distrae y se puede escapar. Finalmente no hay quien se resista a andar con la ametralladora colgando al cuello y no tarda mucho ten unirse a la noble causa.
Los rebeldes se refugian entre los cientos de tuneles donde yacen las mismas minas a las que van a yugarla dia a dia, porque allí se sienten seguros, la humedad artificial les mantiene más tiempo los rulos.

Dallos
Pero  el villano no se queda en el molde y se hace traer cientos de containers con perros cyborgs entrenados para encontrar y morder a los fornidos resistentes.
Si les ha llamado la atención que en un animé de fiera-ficción como este hayamos mencionado tantas veces la palabra perro, no debería ser así puesto que (suenen los ladridos) Dallos fue la opera prima de un viejo conocido de la casa: don Mamoru Oshii, quien se sabe, vivía solo con su perro orejudo hasta que un día se le murió.
Y pese a que ahora el tipo es mega director y artista exclusivo del animé en occidente, la realidad nos demuestra que todos al comienzos son huesos duros de roer. El primer ova de esta saga es sencillamente horrible. Todo mal animado y con unos mecas zancudos que meten miedo. Eso si, el aerógrafo estaba a pleno (recuerden que el Photoshop todavía no existía ni en sueños) aplicado sin piedad sobre los exclusivos diseños de personajes salidos como de Hokuto no Ken, pero más fuleros.
Tan malo es este primer capítulo que casi desistimos de seguir viendo, aunque menos mal que nadie se quiso levantar para apretar Stop porque nos hubieramos perdido todas las cosas buenas que venían a continuación, con el correr de las tres restantes entregas. Como se explica en el documental especial que acompaña a los ovas en nuestra versión china-pirata-especial aniversario,  los pibes del Studio Pierrot se dibujaban la vida mientras Oshii y los productores se peleaban entre si para ver quien se salía con letra más grande en los créditos. Asi el producto terminó dirigiéndose por si solo y se nota que en varios pasajes fueron las mismas huestes de dibujantes anónimos las que decidieron hacer la de ellos aprovechando el desbande interno para meter dibujo y dibujo en largas secuencias de pura acción. La historia nunca queda del todo resuelta y hasta daba para un continuará que nunca fue.

dallos 2

Lo que va para atrás todo el tiempo es la banda de sonido, que aunque pela un par de ritmos colocados, no tiene nada que ver con lo que relata la imagen y desentona en todos y cada uno de los acordes. Sobre este apartado Oshii también nos explica que no le habían dado bola al tema del sonido porque la onda era dibujar. Es más, en el especial, el creador pide cámara, se averguenza  y pide disculpas publicamente  por haber sido un creído de mierda y no haberse puesto las pilas en lo que verdad importaba.

Y pese a todo Dallos fue un exito sensacional de ventas y hoy por hoy, a casi treinta años de su lanzamiento está muy bien, si pasamos por alto la primer entrega.