Michiko e Hatchin: Arriba!, arriba!, arriba como toro!

Como hoy es domingo, dejamos por un rato el robot en el hangar para hacerle mantenimiento y aprovechamos para adentrarnos a pie en este road movie protagonizado por tres minusas de armas tomar, opera prima de Sayo Yamamoto otra fémina que la tiene bastante clara a la hora de brindarnos una refrescante parada en la ruta, a medio camino entre Cowboy Bebop y  una BD de Milo Manara.
Pero a no confundirse que esto no es un shojo, de hecho las escenas de acción y violencia que vamos a presenciar en esta serie harían sonrojar a muchos de los títulos actuales que se pretenden destinados para satisfacer las necesidades primarias de los jovencitos pendencieros de la  Shonen Jump.
Den por seguro que durante  22 episodios se van a encontrar con algunas de las situaciones más controvertidas y celebradas del abúlico animé de estos tiempos , y tengan en cuenta que nunca hacemos comparaciones a  la ligera, ¡muchisimo menos no cuando estas son positivas!

Michiko Malandro es una morocha infartante,  un auténtico tiro al aire.  Escapada por cuarta vez de una prisión de alta seguridad en alguna parte de un país que parece Brasil y suena como Japón, la obsesión de esta minusa es encontrar a Hiroshi Morenos, rubiales que le arrebatara su garoto corazón y de quien nuestra heroína estuvo embarazada ocho años atrás.
Sus primeros pasos tras la evasión consisten en dar con el paradero de su hijita Hana, aunque no sabemos si es el amor hacia la niña lo que la lleva a rescatarla  o el hecho de que  el reencuentro  con la pequeña sea tan solo un escalón más  en la búsqueda de su amado.
Lo cierto es que Hana lo estaba pasando realmente mal en hogar adoptivo del  Padre Pedro, donde sus hermanastros la tenían de punto. El cura la alberga bajo su tutela tan solo para poder cobrar la pensión del estado. Cuando  Michiko llega al rescate la vida cambia tanto para la madre como para la hija, aunque ninguna de las dos quieran o puedan hacerse cargo.

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Pronto nos damos cuenta hasta que punto los roles están invertidos en esta relación: Hana –rebautizada Hatchin- es la adulta responsable, Michiko la adolescente encaprichada. Obviamente no se van a llevar bien de una, ni de dos, aunque cada tanto,  se dejan hacer algún cariño: un par de zapatillas robadas, el permiso para comprarse un libro de cuentos con el cambio del almacén, la mirada hacia otro lado cuando mamá Michiko se deja llevar por algún amorío pasajero.
La búsqueda de Hiroshi Morenos (supuestamente dado por muerto tiempo atrás en un accidente de autobus) no se presenta para nada sencilla y pronto las chicas se verán involuctradas en medio de una guerra de narcotraficantes que aseguran situaciones por demás sórdidas. Del lado de la ley, y no por ello del lado de la justicia, tenemos a Atsuko Jackson, más conocida como Jambo, antigua compañera de andadas de Michiko, quien por esas cosas de la vida terminara trabajando para los policías en acción, siempre apoyada por su fiel subalterno el agente Ricardo.

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La genialidad de sus personajes y no necesariamente de los principales, una animación que ya creíamos perdida -que si bien dista mucho de ser fantástica o de calidad constante a lo largo de las entregas  tiene su fuerte en los pequeños detalles: un gesto, un movimiento de manos, los constantes cambios de vestuario de Michiko, particularidades que nos reencuentran con eso mágico que tenía el animé que ahora llamamos clásico y que obraran el milagro de hacer que este sea uno de los pocos animeses ´de los nuevos´ que hayamos visto dos compulsivamente veces seguidas. ¡De hecho hasta el dia de la fecha ha sido el único!
Más allá de que haya un par dee pisodios realmente mal dibujados (notoriamente el sexto), la serie es una sucesión de aciertos en todos los niveles, prueba de ello es por ejemplo que la voz de Hatchin no corresponde a la de la típica nenita chillona japonesa insoportable, sino al de Suzuka Ohgo (Memorias de una Geisha).Y si lo pensamos mejor, no solo es el tono de voz de Hatchi lo que no concuerda con su edad, tampoco lo hacen la mayoría de situaciones por las que debe atravesar.  Y aquí es donde entramos en terreno resbaladizo, porque no son pocas las ocasiones donde otro tipo de violencia es puesta de manifiesto: pibitos asesinos , maltrato infantil, trata de mujeres, abusos de todo tipo, diálogos un tanto incómodos, temáticas que como nos tocan también muy de cerca pueden parecer tomadas hasta un poco a la ligera por los guionistas de la serie.

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Pero volviendo al aspecto visual, los escenarios donde transcurren cada entrega nos hacen morir de ganas de zambullirnos en algún artbook para poder contemplar esas ilustraciones con más detalle. Bares de mala muerte, hoteles roñosos, techos de lata, atestados callejones,  y hasta una fábrica de tomates mutantes dan una inigualable ambientación a la historia.
La música también juega un rol primordial en esta producción y ha sido nada menos que Shinichiro Watanabe (Gundam 0083, Bebop, Samurai Clampoo) el encargado de armarse un compiladito de bossa nova hip hopera junto al musico brasilero Alexandre Kassin.

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Puede que el final logre sorprenderlos o no, igualmente, no viene al caso.  Si buscan embarcarse en un polvoriento recorrido en moto, pleno de emoción carioca, persecuciones en Volskwagen, golpes bajos y de los otros, Michiko y Hatchin los hará sin dudas reencontrarse con las ganas de volver a ver animé del bueno,  siempre y cuando no se dejen llevar por la falsa impresión que puede llegar a dar el primer episodio, bastante al costado de lo que es esta fascinante producción de Maglobe y Latinos Calientes.