FREESIA, Manga de Jiro Matsumoto

Interrumpimos nuestro dicharachero discurrir entre news de anime para traerles nuestra primer review de manga en serio, un aporte de nuestro cronista invitado Cristian Casares. En este caso se trata de Freesia, un manga seinen de Jiro Matsumoto, un autor con varias obras de género adulto, en las que profesa su implacable visión de la gris monotonía de la vida urbana, en la que el sexo, la violencia y el delirio irrumpen y se entremezclan con despapajo davidlynchiano en la miserias cotidians… Freesia es la única obra de Matsumoto editada en castellano y se consigue en algunas comiquerias de nuestro país.

FREESIA
Manga de Jiro Matsumoto. Por Cristian Casares

Imaginemos un Japón muy distinto al conocido, un Japón superpoblado y en crisis, sobre el que orbitan, como una realidad ajena, noticias de una guerra con otra nación… En el Japón de Freesia, los reos no están en la cárcel, porque ya no hay ni espacio ni dinero para mantener las instalaciones. Para compensar, existe la ley de la retaliación, según la cual las víctimas de un crimen pueden vengarse del perpetrador, contratando agencias privadas, las cuales están autorizadas para ejecutar al criminal.

Kano, el protagonista, vive una vida que se cae a pedazos, tanto en el plano material como en el de las relaciones interpersonales. Vive con su madre, una vieja con Alzheimer totalmente ida, a quien limpia y alimenta como puede. Con el también vive su “novia” o compañera de garche, que es una loca que se voltea al vecino cuando Kano no está, y cuando él está también. Quizás escapando de esta realidad, la mente de Kano fabrica alucinaciones que se van desarrollando junto con la historia, recuerdos que por alguna razón no termina de aceptar su subconsciente.

Kano escucha llamados teléfonicos que no existen, y charla en un bar con una amiga, una mujer imaginaria igualita a su jefa, la bella y prágmática Higuchi. Esto quizás no sería un problema si Kano no llevara un arma con la que es capaz de matar con total sangre fría y letal precisión, como si hubiese sido entrenado para ello. Y es que Kano es uno de los ejecutores, uno de los verdugos de la agencia de Higuchi, ecargada de ofrecer a sus clientes la venganza tan deseada.

Cabe aclarar que de acuerdo a la ley, el delincuente o su familia son notificados de la ejecución, que se lleva a cabo en un lugar y a la hora establecida previamente. El criminal tiene derecho a un guardaespaldas, provisto por el estado.

Pero tal como en Argentolandia, hecha la ley, hecha la trampa: las agencias están arregladas con los guardaespaldas, de modo que estos siempre encuentran pretextos para hacer la vista gorda y cuiadar su pellejo, y nunca se meten. Por lo tanto, tenemos vía libre para ver las balaceras mas lindas y crueles a su vez, donde Matsumoto no escatima en tripas de todos los colores.

Sin embargo, Kano no es el único con problemas en la agencia. Tenemos a un piantado llamado Mizoguchi (otro pibe al que le faltan unos caramelos del tarro, o, directamente el tarro entero). Mizoguchi es extremadamente violento para ejecutar a los reos, y en el caso de que alguien se entrometa en el proceso de ejecución, lo mata sin compasión.

Si se siente amenazado, Mizoguchi intentará “cazar” incluso a sus propios colegas, pues para él todas son presas, o cebras de una selva en la que él es el león… Rico pibe.

El tercer ejecutor del grupo es Yamada, un novato obsesionado con seguir las impracticables reglas del manual, que tendrá que enfrentarse tanto a sus propios miedos ante una ejecución, como a la conducta psicópata de Mizoguchi o al comportamiento diletante de Kano, que tiene un pedo líquido en la cabeza. Claro está, nunca lo logra. Y así veremos como misión tras misión, el caos se va apoderando de la situación, que se va degenerando en quilombos uno más grande que el otro, desde peleas por quien maneja el auto hasta pegarse tiros entre ellos, agarrase a las piñas en medio de la ejecución, matar gente inocente, o perder al ejecutado.

En el entorno de los paisajes también podemos ver la pobreza que hay en la gente, tanto material como espiritual, la suciedad en las calles, las convocatorias a alistarse en el ejército, los asesinatos, los robos, las violaciones, la indiferencia de la gente, y un gran etc. Todo esto configura un mundo hostil bastante desagradable. Jiro Matsumoto tiene un estilo cargado y sucio, llenos de detalles que captan a la perfeccion los entornos opresivos. Su dibujo a mano alzada está hecho de trazos superpuestos, casi desprolijos, que contribuyen de forma poderosa a sumerjirnos más y más en su historia de crimen, degradación y locura.

Freesia es un manga más que interesante y recomendable, que nos muestra qué pasaría si lejitimamos la justicia por mano propia y damos rienda suelta a la Ley del Talión ¿Qué consecuencias traería y como cambiaría esto a la sociedad? La historia está muy bien realizada, y a medida que avanza, poco a poco vamos decubriendo los motivos de cada uno para actuar como actúa, y la imperceptible trama que une los destinos de los protagonistas…

Es todo por ahora… Espero que les haya interesado, y nos vemos en la próxima.

Cristian Casares