Salamander: una nota para Mambilla!

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´Cientos de años en el futuro cuando el dragón gigante que vive en el océano de fuego se despierte, una fuerza insana aparecerá y se tragará el cielo y la tierra hacia la oscuridad´

Quizás estas hayan sido las palabras elegidas por el productor de nuestro animé de la fecha, a la hora de transmitir una visión a sus hordas de dibujantes. Decimos quizás porque lo más probable es que en realidad el discurso se hubiera reducido a una frase al estilo ´Pinta que los de Konami quieren que le hagamos otro ova de esos fichines de naves porque el primero se vendió re bien…´
Como sea, en 1987 parecía una locura lanzar al mercado tres ovas basados en un juego de navecillas consistente en disparar y seguir disparando por todo argumento, pero como por aquella época el pibe Kojima andaba encajetado con una policías futuristas (próximamente este relato también en su blog favorito) la apuesta de Konami fue directa y  bastó con confinar en una misma habitación a buena parte del staff del famoso Studio Pierrot, a un director con un poco de  cancha, a Haruhiko Mikimoto (Macross, Orguss, Gunbuster, ¿Expocomics y animé 2001? ) y a algún chabón que hubiera laburado en el opening de Dragon Ball para dibujar al Salamander.
Y a pesar de tenerlas todas en contra (otro fichín de Konami de la misma época), el producto final fue tan bueno que hoy es menester presentarlo como un verdadero exponente de una era.

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Quienes quieran indagar en esta trilogía podrán hacerlo optando por fumarse los ovas en el estricto orden en que que salieron a la venta ( Space Dragon Salamander, Meditating Paula y Gofer’s Ambition, recomendamos consultar las etiquetas en los VHS), o haciéndolo en el orden cronológico espacio-temporal intrínseco de la obra en si; es decir empezando por el segundo, y luego viendo el primero y el tercero, porque de esta manera se entiende mejor, aunque en honor a la verdad no hay mucho que entender.
Ningun sistema espacial puede ser considerado como tal si no posee al menos cinco planetas con nombres que avergüencen a sus habitantes. En el cuadrante que nos ocupa tenemos a Planeta Latis (también es válido pronunciarlo como Ratis), Viola, Gradius y otro que ahora no puedo transcribir ya que no entiendo lo que anoté en el papelito donde tomaba notas. De todos estos el más importante es Latis porque es el reinado del príncipe Lord British, un rubiales algo casanova cuyo nombre lo dice todo. De más está decir que en los universos ochenteros siempre hay un solo gobierno  por planeta, para no confundir al espectador que ya de por si no entiende nada de astronomía.
Mientras los asesores del Lord British se pasan casi cuarenta minutos del primer ova tratando de convencerlo para que busque novia, no lejos de allí, en Gradius las cosas se ponen jodidas, ya que de las profundidades de la nada una fuerza oscura amenaza con exterminar a su población.

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Acá la historia se pone más interesante porque ya les estamos contando partes del segundo ova (recuerden que les aconsejamos empezar por este que además está mucho mejor dibujado), donde nos encontramos con el siempre garpador tercerto de pilotos compuesto por  Eddie Evan, Dan y Stephanie Mc Bain -la infaltable minusa del team-. Resulta que durante el primer encuentro entre los Bacterian -tal el nombre de los invasores- y las tropas de Gradius el presidente de este planeta desaparece en combate. Como entre los rangos del ejército impera el descontrol y la sorpresa,  los chicos se mandan a explorar una  nave abandonada con la esperanza de encontrar al desaparecido líder.
En lugar de ubicar al viejo de Stephanie, se topan con un montón de cadáveres a medio transmutar y una mujer de verde cabellera que parece no haber sido afectada aun por el virus (aka bacteria) que deteriorara los tejidos del resto de la tripulación. Es que el gas oscuro de los invasores convierte a toda materia yerma en monstruosidades bióticas onda Tetsuo  inflado.
Como la chirusa que encontraron está muy, pero muy fuerte, Dan y Eddie se saltean todo protocolo de bioética para trasladarla  a su mundo. Una vez que despierta, la historia que Paula relata resulta bastante poco creíble, pero el tiempo apremia y mientras el mandamás degrada a nuestro querido Eddie por desacatao, Dan y Stephanie se encuentran ya en la zona de combate prontos a brindarnos lo que todos queremos ver de una buena vez: batallitas espaciales.

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Es en el fragor de la lucha que una voz comienza a resonar en la cabeza de la protagonista. ¡Su padre intenta comunicarse con ella como Obi Wan hiciera con Luke!. La chica no solo rompe formación sino que también le rompe las pelotas a Dan para poner curso a otro cuadrante del espacio, donde su progenitor la espera convertido en un impresionante cerebro espacial!.
El tercer ova es más de lo mismo, y básicamente se trata de Lord British tirándole ondina a Stephanie para que se case con él, al tiempo que la rescata de las garras de Gofer (no confundir con el cadete del Crucero del Amor), el arma definitiva de los Bacterian. Como no tenemos ganas de contar todo esto, les proponemos  volver al primer cassette -adelantando hasta casi el final- donde serán testigos de un épico sacrificio a puro aerógrafo y estilete que los dejará boquiabiertos.
Mientras tanto algunas incógnitas quedan por ser reveladas…¿que significa el colosal Aku Aku que órbita en torno del planeta del príncipe cual presentación de los laser disc de Emotion Bandai? o mucho peor ¡¿Qué ha sucedido con Paula, la escamada mujer extraterrestre con medias de red?!
Bueno, pasa lo que todos nuestros lectores mayores de ocho años de edad pueden imaginar: a la alien se le pone la voz finita, se pone a gritar como histérica y no solo destroza el corazón del ya de por si conflictuado Eddie, sino que además se revela como poderosa líder de las fuerzas Salamander.
Como ya se nos están mezclando mucho las cosas, pasamos al apartado técnico que siempre es más fácil de explicar. Los tres episodios hacen gala de una calidad impecable, en especial la segunda entrega que hace honor total al género, con los personajes mikimoteros calcados a la perfección, bien pintadillos y mejor animados. Inmediatamente nuestro cerebro espacial los asocia con lo más logrado de los Héroes Galácticos y Megazone 23. No en vano, el ya desaparecido director Hisayuki Toriumi fue responsable también de Dallos, Gatchaman y hasta algunos capítulos del  inigualable Meteoro.

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La parafernalia espacial tampoco va a la retaguardia y destacan las navecitas inspiradas en los fichines de la saga de Gradius para la NES del cual este Salamander fuera un spin off que algunos llegamos a jugar, como Mambito, porteado para la MSX. El responsable de mandarse unos mega Vic Vipers a partir de un sprite de 8×8 fue don Yasuhiro Moriki (Cybuster, Silent Mobius, Saint Seiya Lost Canvas).
Los enemigos tienen sus mequitas también, pero en realidad se caracterizan por sus engendros a combustión anabólica. Pepitos cyber brains, lagartijas en llamas, ojos en compota y desechos orgánicos de todo tipo que arrasan con lo que venga.
La banda sonora está basada en la musiquita original del juego, pero reorquestada y pomposa como el opening de los ya mencionados Galactic Heroes…en al menos un solo track porque el resto parece grabado directamente del tecladito midi de Banana Puyrredón . La nota que desentona es que durante las batallas intergalácticas los pasajes musicales nos remiten sin duda a los combates circulares de otro jueguito clásico de las maquinitas de la costa, el inigualable Gyruss. Destacan también, más que nada a fuerza de aporrear sintetizadores, los endings bien ochentosos, como I remember you, cuya monótona lírica resulta por demás incomprensible, como corresponde a nuestras glorias animadas favoritas.

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