Technopolice 21C, cuando la C es por Chokuzoka!

Persuadidos de que nuestro blog se verá irremediablemente inundado de entradas referentes a las nuevas producciones animadas que parecen no dar respiro esta incipiente temporada en Japón, los invitamos a retrotraernos a 1982, año en el cual se también se cocinaban cosas. Cosas como esta Technopolice 21 C que aunque su nombre invita a la confusión, no es precisamente un relato ambientado en la pasada feria tecnológica K,  pero casi.
Influenciado sin dudas por los hits televisivos del momento, el guionista de turno nos propone una disparatada aventura con un patrullero motorizado al mejor estilo ChiPs como protagonista. A nadie sorprende que a los pocos minutos el motoquero sea transferido a una división especial de la policía animada como recompensa por su pobre desempeño como funcionario del orden público. Y es que Kyosuke Ken es un chavalín con poca perspectiva, de hecho toda la película es un desafío constante a cualquier tipo de encuadre con punto de fuga: tanques con cañones torcidos para un lado, autitos circulando en trayectorias inverosímiles y robots dibujados en posiciones que partirían al medio hasta el bulón de titanio más resistente, todos invitados de honor en cada fotograma. Cuesta aceptar el hecho de que la mayoría de nuestros ídolos dibujeros  fueron partícipes en este desencuentro visual, como veremos más adelante.


Inicialmente la idea del estudio era lanzar una serie animada para pibes que fueran un poco más grandecitos que los consumidores habituales de robotitos transformables -target que tanto ayer como hoy sigue estando clavado entre los 17 y los 45 años.  Al frente de esta revolucionaria idea se encontraba nada menos que Toshimichi Suzuki (Bubblegum Crisis, Gall Force)  y diciéndole a todo que si estaban los chicos de Artimic y como eran casi los mismos, también los de Studio Nue.
Peleas de por medio, dibujantes con pocas ganas y malogrados presupuestos hicieron que a lo largo de cuatro largos años apenas se obtuviera  metraje suficiente como para el primer episodio, y eso si pegaban un par de publicidades de las largas.  Con el agua al cuello, Suzuki decide entonces hacer un mezclado de escenas y tirarse a la pileta con una peli de 80 minutos que con un poco de suerte serviría para vender la impresionante cantidad de maquetas producidas por la compañía Hoshima que venían juntando polvo en los negocios del ramo. Toho films se hizo cargo de la distribución, que llegó  inclusive a estrenarla en Cuba!
La peli constó con una versión hablada en inglés por actores honkoneses con mucho acento y bigote que no tiene desperdicio, aunque es menester mencionar que el doblaje que nos ocupa en esta ocasión (de dudoso origen hispánico) está plagado de expresiones al estilo ´no estoy computerizado´ que presentan una encarnizada batalla lingüística contra el idioma de Cervantes.


Retomando el argumento, nos toca pasar revista al resto de la tropa, que no se sale ni por un instante de los cánones prestablecidos. Nos encontramos así con los secundones que le van a hacer el aguante al prota, es decir, el gordo goma y la minita que está buena. Lo notable es que cada uno de ellos va a ser asignado a un asistente mecánico, o parafraseando al doblajista, ´nuevo ayudante tecnoloide´ que  son unos robotos todos rellenos de rulemanes  por lo cual no se puede meter un piloto adentro ni por joda. Consecuentemente, el responsable de cada unidad debe comunicarse verbalmente con su alter ego mecánico para que haga cosas. El de Ken es el que más zafa y lleva por nombre Blader, meca que nos hace acordar un poco las posteriores mospeadas. Al gordo Kosaka le toca un modelo todo cuadrado mitad Valkiria mitad lagartija, mientras que el de la minita –Eleonora– es todo rosa y con tacones. No debemos olvidar tampoco que por aquellos años no salía un puto animé que no tuviera mascota, asi que en Technopolice encontraremos un perrito metálico totalmente choreado del Muffet que el buen doctor le había construído al hijito de Apollo, a ver si la producción de Galactica la pegaba como Lucas con Arturito.


La acción transcurre en la futurista ciudad de Centinel City, donde la violencia está a la orden del día.  La primera misión del equipo consiste detener  un tanque de guerra que acaba de atracar un banco. Paradójicamente a nuestra tecnopolicía se le complica hasta la tarea ubicar un gigantesco trasto con orugas en plena autopista donde no hay más que autitos mal dibujados (al punto que su superior, el Jefe Marulo, les manda unas fotos del tanque, pero no hay caso). Como sea, una buena parte de la cinta se va en pura persecuta de aquí para allá y en situaciones por demás inverosímiles aun teniendo en cuenta que se trata de tres robots con toberas en el trasero que se manejan solos. Lo mejor de todo es sin dudas  el móvil utilizado por el team, que nos recuerda que Shoji Kawamori (Macross, Arjuna) cada tanto se pegaba una vuelta por la oficina para dejar un par de fotocopias con diseños; aunque al mismo tiempo se nos hace imposible pasar por alto que el meca del gordo va enganchado en una especie de changuito en la parte posterior del vehículo en un ejemplo papable del flagelo de la época: la discriminación encarnizada hacia el robot con sobrepeso.


Para los que ya se están emocionando, sepan que ni la protagonista ni la asistenta del jefe, ni el jefe, pelan en momento alguno. Nisiquiera hay escenita de ducha, solo tanques y más tanques porque adentro de ellos estaba permitido que todos las escenas fueran monocromaticas lo que abarataba notablemente los costos de pintura y ponía de muy buen humor a los accionistas de la Toho.
Para ir finalizando, otro talento desperdiciado al servicio de esta producción fue el músico preferido de la pandilla Ghibli, Joe Hisaishi (Nausicaa, Totoro) cuyo aporte en esta ocasión se limitó a enviar, y por correo contrareembolso, un cassette de compilados funkys grabados de la radio para que sirvira como banda sonora.
En resumen, Technopolice 21C empieza mal y termina peor, pero en el medio hay algunas sorpresitas que ameritan  el esfuerzo de quedarse a mirarla, aunque sea para después entrar corriendo a e-bay a buscar las maquetas…que, sobra decir, todavía no agotaron stock.